¿En qué se convirtió hoy eso que solíamos llamar Arte?.Graffitis y moda en los museos, cocineros en bienales de arte, copias digitales de todo. El antropólogo argentino Néstor García Canclini explica cómo se distingue hoy qué es "lo artístico". EN EL FILBA. Allí habló el sábado el investigador argentino radicado en México. Un antropólogo en el mundo del arte, un observador participante, un crítico, un etnógrafo de las especies artísticas. Esas son las ropas con las que Néstor García Canclini escribió La sociedad sin relato , libro que presenta el miércoles en el Malba. Canclini cuenta aquí la exploración por la estética de esta era. Ayer habló en el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires. Desde principios del Siglo XX, las vanguardias trataron de trascender los recintos sagrados del arte. Pero esos intentos de insertarse en medios, espacios urbanos, redes digitales, no acaban de lograr la utopía de inscribir el arte en la vida cotidiana. Ni llevando el mundo al museo, ni saliendo del museo, ni vaciando el museo y la obra, ni blasfemando y provocando la censura, puede superarse el malestar que provoca esta oscilación entre querer la autonomía y a su vez no poder trascenderla. Se ha desdibujado la noción de artista y su papel social. Los graffiteros, los que hacen performances urbanas, las acciones de ONGS como Greenpeace, son ejemplos donde se vuelve muy difícil distinguir qué es arte y qué no. Hubo graffiteros que expusieron en museos; y eso hace evidente que las categorías con que la estética moderna estableció qué era arte han caducado y que los criterios de las ciencias sociales no sirven para decir dónde está lo artístico. También ha cambiado el concepto de "patrimonio cultural". ¿Qué incluye y qué excluye? Las acciones de organismos como la Unesco han consagrado un modo de valorar obras excepcionales. Con el multiculturalismo dieron mayor lugar a bienes de países no europeos y el criterio se fue abriendo a América Latina, Asia y algo de África. Cuando uno ve ese programa actuando mundialmente, surgen las arbitrariedades. Es un convencionalismo poco consistente de la estetización de los bienes culturales. ¿Qué papel juega la piratería, la falsificación? ¿No refuerzan el consumo cultural? La noción de autenticidad y de valoración de obra única también cambió. Hoy es un lugar común decir que no hay obras únicas, que las reproducciones pueden ser de tanta calidad como el original. En la música y el cine, su reproducción no se empobrece si está bien hecha la primera edición. La multiplicación favorece un acceso más amplio. En las artes visuales no tenemos por qué pensar que un cuadro de Goya, de Velázquez es la única manera de confrontarnos con lo que ellos quisieron decir. Ese original ha sido restaurado, modificado. Luego están las reinterpretaciones: Picasso volvió a pintar Las meninas . Lo que los artistas que volvieron a pintar una obra, dicen es: la seguimos valorando desde nuevas condiciones y mirándola de otro modo. El chef Ferrán Adria fue invitado a Documenta Kassel. Unos lo consideraron un artista, otros un plebeyo. ¿La moda se legitimó como arte? Los clubes de fútbol tienen museos... ¿Y el crítico de arte? ¿Fue reemplazado por el curador?
Fuente: |
|||||
| |||||