Selección de las mejores producciones: Cine Club 2011Diez películas del año confirman que aún hay directores más interesados en hacer cine que películas. Este año que acaba confirmó el interés de un grupo de realizadores preocupados por llevar un escalón más arriba el arte con el que trabajan. Maestros reconocidos o nuevos como Wenders, Guédiguian, Wiseman o Hazanavicius, podrían estar en el hit parade de la cartelera por la manera como su talento renueva la forma cinematográfica. Entre una industria gigantesca como los pulpos soñados por Verne, el Cine Club 2011 recuerda: 1. El caballo de Turín, Béla Tarr: el canto del ci(s)ne de un director que se despide con su radicalismo —planos de duración interminable, reiteraciones visuales, atmósferas claustrofóbicas, películas en blanco y negro—, galopando con este caballo hacia el final de una obra que sorprendió a su público desde 1994, cuando Sátántangó y sus siete horas de duración fueron cortas para la hipnosis a la manera de Tarr. 2. Fausto, Aleksander Sokurov: última película de su tetralogía titulada “Hombres poderosos”, Fausto alude a las contradicciones que surgen entre la ciencia y la superstición religiosa. Auténtico e independiente como Tarr, con Sokurov fue posible revivir el carácter monumental y fantástico del cine épico ruso. 3. Tyrannosaur, Paddy Considine: la brutalidad y la violencia como vías de escape a las miserias emocionales en las que viven Joseph —un hombre de tendencias autodestructivas— y Hannah —una cristiana convencida, a la que Dios no logra resolver su condición miserable de ama de casa humillada por su esposo—, sirviendo a la descripción de Considine sobre el caos de la experiencia humana. 4. Hard Core Logo II, Bruce McDonald: segunda parte de Hard Core Logo (1996), falso documental con “imágenes de archivo” y un montaje vertiginoso, narra la grabación de un disco y el tobogán de nervios que padece la cantante Care Failure, diva de la banda punk de Toronto, Die Mannequin. 5. Viaje a Portugal, Sergio Trefaut: después de su trayectoria como documentalista, iniciada en 1992, Trefaut debuta en el cine de ficción con esta historia, filmada en blanco y negro, sobre las humillaciones a las que se ven sometidos los inmigrantes en el aeropuerto de Faro (Portugal), magnificando la sordidez emocional de la historia de manera contenida en el transcurso de su narración. 6. Alois Nebel, Tomás Lunák: sobre las traiciones y los síntomas de la locura estatal, de una factura visual asombrosa —semejante a los cómics norteamericanos de los años cincuenta, filmada en blanco y negro—, acerca de la incertidumbre checa poco antes de que Václav Havel subiera al poder, a finales de los años ochenta. 7. El niño de la bicicleta, Jean-Pierre & Luc Dardenne: una vez más los hermanos Dardenne se interesan por las relaciones fragmentadas de personajes adolescentes en búsqueda de una familia que no existe, haciendo aún más dramáticos sus relatos cuando el lirismo es precario ante la sordidez del mundo. 8. Las acacias, Pablo Giorgelli: película ganadora en Cannes 2011 de la Cámara de Oro, recrea la soledad en la carretera de un camionero y su pasajera accidental a manera de diario de viaje en un largo trayecto donde los personajes son filmados por Giorgelli con un registro mínimo que engrandece su película. 9. Girimunho, Clarissa Campolina y Helvécio Marins: ausencias, fantasmas, muerte, renovados por la puesta en escena y el lirismo con el que los directores consiguieron algo que resulta no del todo excepcional pero sí cada vez más extraño: el tratamiento poético de los personajes en la pantalla contemporánea. 10. Porfirio, Alejandro Landes: ¿Habrá algo más desconcertante en Colombia que su realidad, cercana a la ficción? Porfirio desdibuja el umbral con una ficción, basada en la realidad, acerca de un aeropirata —¡paralítico y con pañales cargados de granadas!—, en el que se refleja la supervivencia de los que han caído bajo el hechizo que Colombia impone a sus habitantes en clave violenta y desesperanzada. |
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