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Abraham Lincoln: Cazador de vampiros

Nos cuenta la vida oculta de Abraham Lincoln, quien además de ser Presidente de los Estados Unidos también fue un cazador de vampiros tras enterarse de que su madre murió asesinada por una de esas criaturas...

Abraham Lincoln: Cazador de vampiros

 
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Película en 3D: Abraham Lincoln: Cazador de vampiros.

Título original: Abraham Lincoln: Vampire hunter.

Dirección: Timur Bekmambetov.

País: USA.

Año: 2012.

Duración: 105 min.

Género: Fantástico, terror.

Interpretación: Benjamin Walker (Abraham Lincoln), Mary Elizabeth Winstead (Mary Todd Lincoln), Rufus Sewell (Adam), Dominic Cooper (Henry Sturgess), Marton Csokas (Jack Barts), Anthony Mackie (William), Erin Wasson (Vadoma).
 
Guion: Seth Grahame-Smith; basado en su novela.
 
Producción: Timur Bekmambetov, Tim Burton y Jim Lemley.

Música: Henry Jackman.

Fotografía: Caleb Deschanel.

Montaje: William Hoy.

Diseño de producción: François Audouy.
 
Vestuario: Carlo Poggioli y Varya Avdyushko.

Distribuidora: Hispano Foxfilm.

Estreno en USA: 22 Junio 2012. Estreno en España: 31 Agosto 2012.
 
Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.

Sinopsis

“Abraham Lincoln: Cazador de vampiros” se basa en una novela de ficción de Seth Grahame-Smith y nos cuenta la vida oculta de Abraham Lincoln, quien además de ser Presidente de los Estados Unidos también fue un cazador de vampiros tras enterarse de que su madre murió asesinada por una de esas criaturas, dando pie así a una visión fresca y visceral de las sangrientas tradiciones vampíricas, imaginando a Lincoln como el más grande cazador de no-muertos de la Historia.

Criticas

A medias entre una vocación de pulp enfrentado a lo convencional y la rigidez del esquema de lo escrito en la Historia, Abraham Lincoln caza vampiros con brío momentáneo, pero sin una buena coreografía que uniese la acción a la idea.

Algunas manos norteamericanas, a propósito de “Abraham Lincoln: Cazador de vampiros” (ver tráiler) se han elevado a la altura de la indignación, entre los oídos y la boca. Parece que estas voces, escandalizadas con que el venerado presidente número dieciséis de Estados Unidos se convierta en héroe frente a fuerzas sobrenaturales, se han tapado los ojos ante una larga tradición de folletines, novelas, viñetas y material de sótano cinematográfico; amén del evidente principio de que toda realidad es susceptible de volver a ser moldeada como ficción. Curiosamente, y en contra de la tendencia de los últimos años que reconvierte obras regias de la literatura en spoofs, Seth Grahame-Smith se atrinchera en el apartado de la relectura histórica con el gesto severo típico del presidente Lincoln, en lugar de la (chispeante y respetuosa) pantomima esperada.

Esto supone, a medida que la película abandona todo atisbo de orgía sangrienta, una inesperada metáfora del vampirismo como secta de mandamases esclavistas —nada nuevo desde que en el siglo XIX se recurriera al vampiro para representar variados males y amenazas—. Grahame-Smith, quien ya firmara un guion tan famélico como el de la reciente “Sombras tenebrosas (Dark shadows)” (Tim Burton, 2012), propone entonces una alternativa a la Guerra de Secesión, por momentos sagaz y prometedora, que deriva en un vaivén de ritmo y enfoques en personajes apenas trabajados —en especial todo lo que afecta a Speed (Jimmi Simpson)—. El giro oportunista y el truco narrativo y audiovisual facilón se repiten como los tópicos asociados al folklore de los chupasangres. No obstante, experimentos como el de Grahame-Smith están abriendo un interesante debate en torno a los nuevos límites entre originalidad y autoría.

Timur Bekmambetov, quien trae un poco de sus hallazgos estéticos para “Guardianes de la noche” (2004), no se muestra original con las virguerías de la cámara Phantom, ni Grahame-Smith con su moralina venida del linaje de Anne Rice y Charlaine Harris. Pero junto al vampiro avergonzado de su especie se asoma el orgullo del género, que ofrece dosis básicas de entretenimiento, quizá mejor a niveles más estudiados —la secuencia del tren— que en mezclas novedosas —sumen hacha, Lincoln, vampiro, recua de caballos desbocados y atardecer—. Lo típico mantiene un pulso tenso con lo nuevo, que ya no es otra cosa que el lugar común llevado por la vía ilegítima. Como una guerra ganada gracias a la adecuada combinación de supersticiones y discursos políticos. En el hueco que separa el temido tono macarra de la película de época con monstruos y las raíces ortodoxas del biopic —desde John Ford hasta el próximo Steven Spielberg—, Bekmambetov y Grahame-Smith proponen la autoría del reciclaje y del remix con espíritu de bebida energética. Pero ante rasgos tan familiares no es tan importante la originalidad como el aquí ausente entusiasmo.


Calificación: 5/10


Fuente/Imagen:
www.labutaca.net


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